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Los expertos aconsejar empoderar a la población local y favorecer el desarrollo de las regiones deprimidas

Desarrollar de forma sostenible el sector turístico será uno de los principales desafíos del siglo. Entre otras razones, por el crecimiento, casi exponencial, del sector. El año pasado, casi 1.200 millones de personas cogieron las maletas para visitar otro país, frente a 674 millones en 2000. Durante el mismo período, los ingresos derivados de esta actividad han pasado de medio billón a 1,2 billones de dólares. Todo ello se traduce en que uno de cada 11 empleos —y el 10% del PIB— corresponden a este sector, según datos de la Organización Mundial del Turismo, el organismo de Naciones Unidas encargado de la promoción del turismo sostenible. Por si fuera poco, este organismo prevé que la cifra de visitantes internacionales alcance los 1.800 millones de personas en 2030. Llegado ese día, el 57% de la cuota de mercado corresponderá a los países emergentes.

¿Cómo se puede conciliar esta rápida expansión con los Objetivos de Desarrollo Sostenible? La tarea, apuntan los expertos, pasa por múltiples frentes. Uno de ellos es el de hacer entender a las empresas del sector que a ellas también les interesa promover un turismo más comprometido con el medio ambiente y la sociedad. Ello pasa por simplificar la gran variedad de certificaciones de sostenibilidad a la que se pueden acoger destinos y operadores turísticos, para facilitar su comprensión. Y extender su uso al conjunto del sector.

¿Cómo puede crecer el negocio del turismo sostenible? Algunos expertos sostienen que tiene que haber una labor de promoción, para convencer al cliente de que la sostenibilidad no solo es buena para la población de acogida y el medio ambiente. También lo será para su experiencia de viaje: “Hay que ir un poco más allá y mandar los mensajes correctos para que la gente entienda que también se divertirá, si viaja con una actitud consciente [del entorno]. Uno lo pasa mejor en bicicleta que quedándose encerrado en un coche”. Una combinación ganadora para quien visita el lugar, y para quien vive en este. Podemos ver esto en el caso de Costa Rica: “Ha construido una imagen de país verde, que será neutral en sus emisiones de carbono en 2020, emite tanto CO2 como lo absorbe. Es un caso de éxito, porque la imagen del país es coherente con su pasado, como Estado neutral y pacífico. Y el turista gasta tres veces más que en otras partes de América Central. Ser sostenible es un buen negocio”.

¿Qué puede suceder si el turismo no se desarrolla de forma sostenible? Los peligros son multitud. Un problema surge, precisamente, si su promoción no viene acompañada de una política de desarrollo regional que permita repartir la llegada de visitantes, evitando que estos se concentren en unos pocos lugares. “Las ciudades del sur del Mediterráneo son compactas, y cuentan con poco transporte público. También tienen problemas para gestionar los residuos que producen. Si crece el número de viajeros [y no se reparte fuera], estos aumentaran”, advierte González, quien recuerda que el Gobierno marroquí se plantea doblar la cifra de visitantes: de 10 a 20 millones. Porque “el Mediterráneo es el primer destino del mundo. En 2014 acogió 300 millones de visitantes, que en 2030 pasarán a ser 500 millones”, avanza Esencan Terzibasoglu, directora de gestión de destinos y calidad de la Organización Mundial del Turismo.